Política y vida diaria en la Nacho.
Se me han quedado en el tintero (típicas palabras de típico columnista en típicas columnas) un articulito sobre cómo es pasar un viernes en la nacho. El primero que quise escribir fue cuando unxs desparchadxs de antropología me invitaron a un taller con locos en una clínica de locos. Después de tamaña chocolocura me regresé a la universidad para cuidar al hijo de un amigo dentista, tan ingrato como caqueteño. ¿Qué hace uno con un chino en la Universidad? Pues le da una vuelta por la Universidad, no sin antes almorzar en “el mosco” la más asquerosas de las cafeterías de la universidad; aquella que queda entre medicina y veterinaria. Sobran las explicaciones sobre el nombre que lleva. Pero sí hacen falta de parte de la administración universitaria pa que nos cuenten como permiten tanta antihigiene y precios tan mezquinos. Algo raro han de echarle a la comida para que cada vez que uno pase a almorzar tenga que hacerlo en el prado porque “El Mosco” siempre está a reventar.
En todo caso, vuelta por la U con el hijo de mi amigo tan ingrato como caqueteño: que ir a la biblioteca a dejar un libro de una amiga (suertuda ella que logró encontrar el libro que necesitaba), que ir a mirar esas cosas que pusieron en la mitad de la ché (véase foto9, que ir a estampar una camiseta, que escuchar la música punketorevolucionaria, que escampar de la pertinaz llovizna, que ir un rato a escuchar cuenteros y luego matar la tarde en chumanas viendo una de las películas educativas y culturales que proyecta Chela en el 120.
Pero alguien se me adelantó con eso de escribir un articulo sobre un viernes en la ché.
Nuestra amiga, comadrona, columnista y dadora de buenas ideas doña Madam se escribió en su blog un artículo intitulado “de viernes por la nacho”. Como fue un viernes que yo también estuve por la nacho, ya no cuidando el hijo de ese amigo tan ingrato como caqueteño sino repartiendo pasquines y haciendo fila pa la película de Chela me llamó la atención su experiencia. Aunque ambos compartimos un mismo espacio, la nacho, un mismo día, el viernes, tenemos distintas lecturas. “Estructuras de significación relativa” dirían lxs antropologxs, que quiere decir que muchos vemos las mismas cosas pero de forma distinta. Como el refran equino: “una cosa es lo que piensa el burro (o mula, o caballo) y otra el que lo enjalma (o carga)”.
Tomaron escenario en la Ché (nótese nuevamente el recurso retórico de pésimo columnista) unos divertidos juegos populares. Carritos de balineras que recordarón mi infancia en el barrio La Lorena, en mi pueblito de Chía, cuando nos tirabamos calle abajo hasta caer al hoy apestoso rio frio. Volibol, rana, musica popular, animadores de bazar de dudosa calidad y mucha gente compartiendo un sano y divertido desparche. En esas cuando llegaron un grupo de compañerxs encapuchadxs, soltaron par petos y echaron un discurso. No los vi, y no los escuché, estaba esperando al incumplido representante en la tierra de lxs compañerxs de Polifonika, quién nunca llegó. Al rato pasé por la Ché y los juegos seguían, la segunda ronda de la carrera de carritos
La madam seguramente estaba tan divertida como yo. Y estaba así hasta que, según escribió, “llegaron los capuchos con sus petos y se tiraron todo!”. Luego explica que a ella, y cito textual, “por lo menos, no me interesa oir una chorrada de mamertadas que arenga una vieja con el rostro cubierto y que ironicamente dice que estan poniendole la cara al movimiento estudiantil y a la situacion del pais....pura mierda!!!!”. Finalmente plasma su desazon espiritual concluyendo que “estoy cansada de palabras como exigir, reivindicar, denunciar, compañer@, demandar....ya es hora de que el movimiento estudiantil se modernice, que de verdad den la cara y que no se tiren las actividades que le dan un nuevo sentido al concepto de campus universitario.”
Le cojo la caña al debate expuesto por Madam, y es mi intención seguirle la piola de manera fraterna, pues mal que bien de esto podemos aprender.
Espiche aquí y lea el articulo completico, con comas y detalles
En todo caso, vuelta por la U con el hijo de mi amigo tan ingrato como caqueteño: que ir a la biblioteca a dejar un libro de una amiga (suertuda ella que logró encontrar el libro que necesitaba), que ir a mirar esas cosas que pusieron en la mitad de la ché (véase foto9, que ir a estampar una camiseta, que escuchar la música punketorevolucionaria, que escampar de la pertinaz llovizna, que ir un rato a escuchar cuenteros y luego matar la tarde en chumanas viendo una de las películas educativas y culturales que proyecta Chela en el 120.
Pero alguien se me adelantó con eso de escribir un articulo sobre un viernes en la ché.
Nuestra amiga, comadrona, columnista y dadora de buenas ideas doña Madam se escribió en su blog un artículo intitulado “de viernes por la nacho”. Como fue un viernes que yo también estuve por la nacho, ya no cuidando el hijo de ese amigo tan ingrato como caqueteño sino repartiendo pasquines y haciendo fila pa la película de Chela me llamó la atención su experiencia. Aunque ambos compartimos un mismo espacio, la nacho, un mismo día, el viernes, tenemos distintas lecturas. “Estructuras de significación relativa” dirían lxs antropologxs, que quiere decir que muchos vemos las mismas cosas pero de forma distinta. Como el refran equino: “una cosa es lo que piensa el burro (o mula, o caballo) y otra el que lo enjalma (o carga)”.
Tomaron escenario en la Ché (nótese nuevamente el recurso retórico de pésimo columnista) unos divertidos juegos populares. Carritos de balineras que recordarón mi infancia en el barrio La Lorena, en mi pueblito de Chía, cuando nos tirabamos calle abajo hasta caer al hoy apestoso rio frio. Volibol, rana, musica popular, animadores de bazar de dudosa calidad y mucha gente compartiendo un sano y divertido desparche. En esas cuando llegaron un grupo de compañerxs encapuchadxs, soltaron par petos y echaron un discurso. No los vi, y no los escuché, estaba esperando al incumplido representante en la tierra de lxs compañerxs de Polifonika, quién nunca llegó. Al rato pasé por la Ché y los juegos seguían, la segunda ronda de la carrera de carritos
La madam seguramente estaba tan divertida como yo. Y estaba así hasta que, según escribió, “llegaron los capuchos con sus petos y se tiraron todo!”. Luego explica que a ella, y cito textual, “por lo menos, no me interesa oir una chorrada de mamertadas que arenga una vieja con el rostro cubierto y que ironicamente dice que estan poniendole la cara al movimiento estudiantil y a la situacion del pais....pura mierda!!!!”. Finalmente plasma su desazon espiritual concluyendo que “estoy cansada de palabras como exigir, reivindicar, denunciar, compañer@, demandar....ya es hora de que el movimiento estudiantil se modernice, que de verdad den la cara y que no se tiren las actividades que le dan un nuevo sentido al concepto de campus universitario.”
Le cojo la caña al debate expuesto por Madam, y es mi intención seguirle la piola de manera fraterna, pues mal que bien de esto podemos aprender.
Espiche aquí y lea el articulo completico, con comas y detalles