CRITICA DE SINE
Cartas desde Iwo Jima: “No- al- servicio- militar- obligatorio”
Por el Misantropoide
Supongamos que
usted tuvo la mala fortuna de prestar el servicio militar (y si no lo presto pero tiene la libreta también esta condenado a llevar del bulto). Se ha fijado que debajo del numero de la libreta hay unas fechas que le dicen si esta en primera, segunda o tercera línea? En teoría nos pueden llamar en cualquier momento a defender la patria en caso de una guerra. Menos mal no es nuestro caso porque el presidente y Jose Obdulio establecieron oficialmente que en Colombia no hay conflicto, y tampoco creo que estemos cerca de una guerra con algún país vecino (en realidad para hacer la guerra no hace falta declarársela, basta con echarle glifosato a sus campesinos y firmar un Tratado de Libre Comercio que arruine las relaciones comerciales).
Ahora supongamos que al ser convocados a la guerra nos hemos creído el cuento de Juanes de “ama la tierra en que naciste” y las referencias interminables que nuestro emperadorcito hace a “la patria” en cada uno de sus discursos. Pues bien, la defensa de este apego primordial y de esta comunidad imaginada es la misión de un ejercito mal alimentado y cuyos hombres pelean lejos de sus casas. Me refiero no a nuestras Fuerzas Armadas comandadas por Ritos Alejos Delgados, coroneles Plazas o Mejias Gutierrez como el de Valledupar, sino al ejercito japones en plena Segunda Guerra Mundial. La consigan es dar la vida por el territorio sagrado y la larga vida del emperador (no se me confunda: en Iwo Jima, no en Guaviare).
Los protagonistas de la historia son dos: el soldado raso y humilde que va a la guerra no mas que por obligación y que espera con ansias el momento de regresar donde su familia a continuar trabajando en su panaderia. El otro es el general curtido y afamado que ha estudiado toda su vida para ser militar y que tiene muy claro que solo puede regresar a casa con la victoria o en una bolsa negra. Al general nadie le cree sus estrategias, al soldado nadie lo respeta. Ambos se preparan para combatir “al enemigo”, porque en la película como aquí la supuesta amenaza a los valores primordiales (familia, tradición y propiedad) es un enemigo al que es mejor no darle nombre ni rostro, al que ni siquiera se le da la categoría de humano.
Si sabe un poco de historia, cuando vea la película no va a albergar la esperanza de que los japoneses ganen. Por el contrario, se les metieron muy bien metidos al rancho. Ni el ge
neral ni el soldado raso llegan a disparar una sola vez contra “el enemigo”. Al final uno va a regresar a casa y otro no porque para sobrevivir en la guerra no hace falta ser el más valiente. Al soldado raso su Virgen del Carmen japonesa lo protege todo el tiempo, ni al general ni a casi ninguno del resto de protagonistas los matan las balas enemigas. Pero vivos o muertos cada uno de estos japoneses no tienen mas que apegarse que a su honor, que a final de cuentas es lo que mas se enfatiza en la película. Ojala hubiera tanta dignidad en las fuerzas militares de Uribe como la que se muestra en los mandos japoneses: cuando saben que no tienen como ganar la batalla por la vía militar prefieren aceptarlo con dignidad y no recurrir a estrategias motoserristas o falsos positivos.
Para tener en cuenta: los colores y los juegos de claroscuro que acompañan las actuaciones.
Para olvidar: que Clean Estwood -el director- también hizo refritos policíacos muy mamones.
Por el Misantropoide
Supongamos que

Ahora supongamos que al ser convocados a la guerra nos hemos creído el cuento de Juanes de “ama la tierra en que naciste” y las referencias interminables que nuestro emperadorcito hace a “la patria” en cada uno de sus discursos. Pues bien, la defensa de este apego primordial y de esta comunidad imaginada es la misión de un ejercito mal alimentado y cuyos hombres pelean lejos de sus casas. Me refiero no a nuestras Fuerzas Armadas comandadas por Ritos Alejos Delgados, coroneles Plazas o Mejias Gutierrez como el de Valledupar, sino al ejercito japones en plena Segunda Guerra Mundial. La consigan es dar la vida por el territorio sagrado y la larga vida del emperador (no se me confunda: en Iwo Jima, no en Guaviare).
Los protagonistas de la historia son dos: el soldado raso y humilde que va a la guerra no mas que por obligación y que espera con ansias el momento de regresar donde su familia a continuar trabajando en su panaderia. El otro es el general curtido y afamado que ha estudiado toda su vida para ser militar y que tiene muy claro que solo puede regresar a casa con la victoria o en una bolsa negra. Al general nadie le cree sus estrategias, al soldado nadie lo respeta. Ambos se preparan para combatir “al enemigo”, porque en la película como aquí la supuesta amenaza a los valores primordiales (familia, tradición y propiedad) es un enemigo al que es mejor no darle nombre ni rostro, al que ni siquiera se le da la categoría de humano.
Si sabe un poco de historia, cuando vea la película no va a albergar la esperanza de que los japoneses ganen. Por el contrario, se les metieron muy bien metidos al rancho. Ni el ge

Para tener en cuenta: los colores y los juegos de claroscuro que acompañan las actuaciones.
Para olvidar: que Clean Estwood -el director- también hizo refritos policíacos muy mamones.